A veces es mejor parecer fanático que parecer estúpido.

Anoche leía un tuit de Héctor de Mauleon con la velada advertencia al presidente de que “el pueblo pone y el pueblo quita”, no es una frase al viento, el incesante ataque mediático contra él es lo que busca, diluir su popularidad y dar espacio para que grupos de oposición levanten un movimiento similar al vivido en Bolivia.

No importa qué diga o qué haga el presidente, siempre hay una razón para atacarlo, para ofenderlo, para humillarlo y con él a todos los que lo apoyamos, esto es algo que cala hondo en el sentir de millones de mexicanos.

Mi respuesta a Mauleon fue en el sentido de que también el pueblo cuelga a los traidores, pasó por mi mente en ese momento la revolución francesa, la rusa y otras tantas que han terminado en eso, el monero Patricio no dudo llamarme “fanático”, de la misma manera que otros periodistas llaman a los miles de ciudadanos que defienden a muerte al presidente.

Parece poca cosa el ataque de Mauleon para el monero y para algunos periodistas que buscan un imposible equilibrio en un país en guerra total, dirigida desde los medios con sus periodistas y comentadores junto con la impresentable oposición política que trabaja coordinada con los primeros, no hay espacio para equilibrios.

No han entendido que no defendemos precisamente al hombre, sino a lo que representa, a lo que nos hemos ganado en las urnas por la vía democrática, a lo que durante décadas nos negaron, no podemos permitir que nos lo arranquen de la peor manera posible, de la más baja, violentando el espíritu democrático bajo el cual llegamos para buscar el cambio.

¿Cómo pueden llamar fanático a quién lucha por terminar con los miles de muertos en este país?

En 18 años van casi 500 mil, con un millón de afectados, vidas que se convierten en datos pero que son el dolor de miles de personas, la ruina, la impotencia y la rabia por la falta de justicia, por no saber dónde están sus seres amados ¿Cómo se puede llamar fanático al que ha vivido ese dolor y no desea que siga?

No se trata de devolver la violencia con más violencia, se trata de defender con el alma y la vida misma el derecho de millones de niños que necesitan acceder a una educación de alta calidad, de que nuestros jóvenes no tengan que trabajar para pagar sus estudios, porque estamos llenos de profesionistas que solo aprobaron créditos pero que perdieron la oportunidad de una formación más amplia y diversa por no tener tiempo y recursos para hacerlo.

No es un tema familias pobres precisamente, durante los últimos 30 años el salario mínimo decreció hasta un 25% de su valor, lo que significa que los abuelos de los actuales jóvenes ganaban 3 veces más que ellos, lo cual es incomprensible cuando ellos en su mayoría no tenían más allá de la secundaria y hoy muchos jóvenes mexicanos tienen carrera y hasta maestría.

Sí, alguien se ha llevado la riqueza de la Nación y con ella la salud de millones de niños, junto con la capacidad de dar un servicio con la más alta calidad a quienes generan la riqueza de este país, sus trabajadores, alguien se ha hecho rico con los medicamentes, ha ocultado aquellos que son necesario para enfermedades graves, alguien nos dejó decenas de hospitales a medias e inservibles lo que significa que miles y miles seguirán esperando una cama, una operación, un tratamiento, la oportunidad de vivir.

Entonces pedimos un cambio, fuimos a las urnas, lo intentamos 3 veces y lo logramos, sin dudas, con amplia mayoría y hoy nos lo quieren robar también, con odio, con rabia, con desprecio, con las peores formas.

90 años han sido muchos, y hoy es demasiado leer que nos desprecian por la piel, por el nivel económico, por el apellido y hasta por no haber estudiado en colegios caros, nos ven como esclavos, como indignos, como basura, luego alguien nos censura porque somos “fanáticos”

¿Somos fanáticos?

Cuando miramos nuestras escuelas en ruinas, nuestros servicios públicos miserables, y a nuestra clase política enriquecida brutalmente a costa de la vida de generaciones enteras, a costa de robarle el futuro a millones, de negarles la posibilidad de una vida digna, de salud, de evolución social y todo lo que eso representa ¿No tenemos derecho a sentir rabia?

¿Somos fanáticos?

En realidad, dudo que pueda usarse esa descripción para millones de almas que ven con miedo como les quieren volver a arrancar el futuro, como los quieren reducir a la esclavitud y a la miseria a partir de solapar salarios de hambre y proyectar pensiones miserables a través de un sistema que nació muerto como el del ahorro para el retiro.

¿Es tan complicado comprender que lo único que tenemos millones  de mexicanos a veces son solo 128 caracteres para defender aquello que anhelamos y que un puñado de cínicos, ladrones, corruptos y asesinos nos quieren quitar de mala manera?

Molesta la falta de sensibilidad de aquellos que piensan que tenemos que tratar con flores a los que nos llaman perros, fanáticos, nacos, prietos, indios, pejezombies, ninis o muertos de hambre, todo lo que hay detrás de esas frases, de esos calificativos, encierra la idea de que no somos nada, que ello sí, que su color de piel, su ingreso o su apellido les permite el derecho de hacer con la nación, con nuestras vidas y nuestro fututo lo que les venga en gana.

Todos los días somos vejados en las redes y los medios, de manera directa o indirecta, con las palabras y acciones o lo que estas pretenden producir, con noticias falsas, con infiltrados y provocadores, con falsas marchas sociales, con todo tipo de violencia y aun así se atreven a llamarnos “fanáticos”

Cuando un niño muere por falta de un espacio en un hospital, cuando un joven no puede continuar sus estudios, cuando un hombre está preso por una falsa acusación y sin un juicio, cuando una mujer es violentada, cuando alguien muere a manos del crimen organizado, nos duele el alma, porque es la historia de varias generaciones, todo eso no sucedió por falta de recursos, sucedió porque se los han robado.

Miles de feminicidios, la trata en ascenso, la pedofilia y la prostitución infantil, deberían tener a este país desde hace mucho en pie de guerra, pero los medios lo ocultaron, lo solaparon y lo justificaron, entonces nos piden que tengamos decencia, como si el corazón de esas cientos de madres que rascan con las uñas la tierra para hallar a sus hijos, esposos o hermanos, no estuviera lleno de dolor.

Como los que esperan a sus migrantes que hoy yacen en una fosa en San Fernando sin justicia, sin ser reconocidos, sin darle paz a su gente amada.

Entonces los fanáticos somos nosotros.

López Obrador representa la esperanza de millones que deseamos que este país mejore, sea más justo, no es perfecto, pero es a quien le hemos confiado tan imposible labor, atacarlo a él es atacar nuestra esperanza, es lastimar nuestras heridas, es remover nuestras frustraciones acumuladas, por eso nuestra furia, nuestra rabia y nuestro dolor, odio no, solo mucho dolor.

Nos llaman resentidos, pero es que son 700 años de ser nada, de ser despreciados por el color de la piel, por ver que nos arrebatan lo que tenemos porque los empresarios lo quieren, como sucedió con Atenco, como ha sucedido a tantos otros desde la época colonial, pasando por el porfiriato y ahora con el neoliberalismo, tierras, playas, ríos, todo nos han quitado y hasta el sentimiento de pertenencia, el orgullo de ser quienes somos, nos volvieron de segunda por la piel.

Hoy solo les hemos ganado 6 años para tener un poco de justicia y buscan llevarnos a un golpe como el de Bolivia, reprimirnos como en Chile, volvernos a mandar a las montañas como hicieran los conquistadores, pero los fanáticos y resentidos somos nosotros.

No importa, las luchas no son para los débiles, ni con margaritas se conquista la libertad, si les gusta o no les gusta somos mayaría, queremos un país más justo y con oportunidades, con ustedes o sin ustedes, vivos o como deseen estar.